¿En qué consiste la micromovilidad urbana?

¡No le des muchas vueltas al concepto de micromovilidad! Vamos a hablar de bicicletas y patinetes y sobre el impacto que están teniendo en nuestras ciudades, especialmente desde la aparición de las unidades electrificadas.

La alternativa ecointeligente que supone la micromovilidad

Esta micromovilidad eléctrica, que ha irrumpido ocupando nuestro espacio urbano, está compuesta por medios de transporte de baja velocidad, pequeños y ligeros que funcionan con energía eléctrica y que son típicamente utilizados en viajes de corta distancia.

Esta electrificación de vehículos tan conocidos como son bicicletas, monopatines y ciclomotores, ofrecen a nuestras urbes oportunidades para avanzar en soluciones de transporte sostenibles al reemplazar vehículos de pasajeros basados en motor de combustión.

Y son, precisamente, las bicicletas eléctricas y los patinetes eléctricos los ofrecen a los ciudadanos nuevas alternativas para llegar a sus destinos sin depender de vehículos particulares de baja ocupación, lo que ayuda a reducir los viajes con alto ratio de emisiones por ocupante.

También es cierto que este nuevo tipo de modalidad de transporte de personas se enfrenta a desafíos importantes.

Uno es sacar a las personas de sus automóviles para que adopten otras modalidades de desplazamiento.

Y el otro es combinar el transporte público con lo que conoce como soluciones de primera y última milla.

Esta circunstancia se da cuando las personas no disponemos de medios asequibles y eficientes para llegar al transporte público, por lo que dificulta que nos animemos a abandonar nuestros vehículos de combustión.

Precisamente una de las principales oportunidades para introducir los vehículos de micromovilidad eléctrica es la capacidad que tienen de dar solución a este problema de la primera y última milla.

Lo cierto es que casi todos podemos utilizar patinetes eléctricos para recorrer distancias cortas, independientemente de nuestro estado físico o habilidad

Las bicicletas eléctricas pueden cubrir distancias más largas, haciendo que uso vaya más allá de la primera y última milla.

Con la puesta en marcha de los sistemas de uso compartido, cada vez es más frecuente que el ciudadano se anime a desplazarse en estos patinetes o bicicletas eléctricas para llegar a paradas de bus, metro, tranvía o ferrocarril.

De hecho, estas alternativas sostenibles están logrando convencernos y dejar nuestro coches en casa.

Micromovilidad para la acción climática

Si nos fijamos un poco en la distancia de nuestros desplazamientos vemos que la mayoría de los viajes urbanos son menos de 5 kilómetros.

Esta distancia es lo suficientemente corta como para que bicicletas y patinetes la puedan recorrerla en aproximadamente el tiempo que los vehículos convencionales.

Gracias al aumento de la velocidad de la micromovilidad eléctrica, estos vehículos pueden cubrir desplazamientos más largos y de forma más rápida que las bicicletas y los patinetes de tracción humana.

En cualquier caso, reemplazar automóviles tiene unos importantes beneficios en relación al medio ambiente: si el uso de la bicicletas eléctrica aumentara al 11% significaría una reducción del 7% en las emisiones de CO2 del transporte urbano en 2030, lo que equivaldría a sacar 134 millones de automóviles de nuestras vías urbanas.

Hasta el 50% de los viajes en automóvil de corta distancia en ciudades de Estados Unidos, y hasta el 70% en ciudades del Reino Unido podrían reemplazarse por estas alternativas de micromovilidad eléctrica.

Además, estos vehículos eléctricos se integran fácilmente en las infraestructuras ciclistas existentes, lo que hace que su adopción sea rápida y relativamente sencilla.

Con este cambio, en las ciudades aumentaría la cantidad de pasajeros en el transporte público, evitando el uso del vehículo particular, aliviando la congestión y aumentando el espacio público disponible.

De hecho, cuantos menos coches circulen, más seguras serán nuestras calles para todos, especialmente para los peatones

Para obtener estos y otros beneficios y fomentar el uso de estos medios de transporte eléctricos, las ciudades deben desarrollar normativa y regulación similar a la de las bicicletas y evitar equiparlos a los vehículos convencionales a motor.

Bicicleta eléctrica y transporte público, una buena combinación

Las ciudades también deberían reforzar la infraestructura ciclista existente para acomodar más bicicletas y patinetes eléctricos. Si la infraestructura ciclista no existe, es una buena oportunidad para crearla 😉

Para aquellos vehículos que no tienen una base concreta para depositarlos, las ciudades deben disponer normas claras sobre su estacionamiento para garantizar que las aceras y las calzadas no queden bloqueadas.

Por suerte muchos de estos cambios son asequibles y no requieren una inversión económica significativa.

Para finalizar nos gustaría resaltar que el uso generalizado de patinetes y bicicletas eléctricas puede ayudar a reducir la presencia del coche particular en nuestras ciudades, generando importantes beneficios que aumentan en la misma escala en que lo hace su adopción.

En gran parte el éxito de la micromovilidad depende de que se incorporen como un recurso clave en los planes municipales de nuestras ciudades, y de que los ciudadanos apostemos por cambiar de hábitos y optemos por estas alternativas ecointeligentes.

Si te interesa este asunto, te recomendamos que leas este estudio reciente del Institute for Transportation & Development Policy (ITDP), titulado E-Bikes & E-Scooters: Drivers of Climate Action, para que compruebes el potencial de este tipo de movilidad para mejorar transporte urbano y generar ciudades más sostenibles.

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible, fundador de ecointeligencia y director de TIMUR

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