Obsolescencia percibida: soy viejo, no obsoleto

Cuando hablamos de consumo responsable es fácil que nos venga a la memoria la tan denostada obsolescencia. Hasta Terminator se rebelaba contra el concepto: ¡soy viejo, no obsoleto!

La obsolescencia percibida nos impone consumir cuando no lo necesitamos

Por obsolescencia entendemos la caída en desuso de las máquinas, equipos y tecnologías motivada no por un mal funcionamiento de los mismos, sino por una falta de rendimiento o carencia de funciones en comparación con nuevas máquinas, equipos y tecnologías disponibles en el mercado.

Aunque la obsolescencia puede tener diferentes causas, todas ellas con un trasfondo puramente económico.

Los fabricantes pueden introducir la obsolescencia de 3 formas principalmente: la ya tratada obsolescencia programada, la obsolescencia de especulación, y la que vamos a tratar ahora, la obsolescencia percibida.

Pero ¿en qué consiste la obsolescencia percibida? Pues ésta aparece cuando se crea un producto con cierto aspecto, y más adelante se vende exactamente el mismo producto cambiando tan solo el diseño del mismo.

Seguro que te vienen a la cabeza un montón de casos. Este tipo de obsolescencia es muy frecuente en el mundo de la ropa. Una temporada están de moda los colores claros, y a la siguiente lo están los oscuros, lo que suele motivar al comprador a cambiar su ropa actual, que es más que probable que esté en buen estado.

Se suele decir que la diferencia entre la obsolescencia programada y la percibida es que la programada es un intento deliberado por parte de las empresas para fabricar productos que se vuelven obsoletos después de un cierto período de tiempo planificado.

El mundo de la moda es foco de la obsolescencia percibida

Por su parte, la obsolescencia percibida atiende a intentos deliberados por las empresas para inculcar en el consumidor el deseo de adquirir continuamente nuevos productos para mantenerse al día sobre tendencias.

Las 2 formas son un tipo de obsolescencia, donde la primera obedece a razones más técnicas y la segunda tiene una componente social más acentuada

Todos tenemos el típico amigo caprichoso que le gusta ir a la última. Se ha comprado un vehículo y en poco tiempo, la marca de sus sueños lanza casi el mismo vehículo con unas pequeñas modificaciones en el diseño o en el color y nuestro amigo no puede aguantar y cambia de vehículo, quizás gastando dinero innecesariamente. Igual también te ha pasado a ti :-)

Es en este punto de la cadena, donde nosotros como consumidores debemos intentar ejercer un consumo responsable y romper esta espiral de consumo en la que empleamos recursos, no solo monetarios, en adquirir cosas que realmente no necesitamos.

La cuestión de fondo es que nosotros, como consumidores, podemos influenciar sobre el modelo que queremos y que más nos beneficia.

Se impone, por tanto, la compra reflexiva (no impulsiva) y que este acto sea libre y no, en cierta manera, una imposición. Casi se nos ha olvidado que las cosas se pueden reparar, se pueden compartir, y también, se puede evitar su adquisición.

¿Qué pasaría si la mayoría de la ropa fuera realmente duradera? ¿Si nuestro coche o nuestro frigorífico tuviera una garantía de 15 años por parte del fabricante? ¿Y si además los compartiéramos?

La industria del consumo nos dirá que reducir nuestro ritmo de compra dañará el empleo y romperá la cadena mágica que siempre acaba en sus bolsillos. Necesitamos una compra inteligente y no un volumen insostenible.

Las opciones relacionadas con la economía colaborativa son opciones a nuestro alcance que pueden ser alternativas a muchos de los productos que consumimos. Además, ayudaríamos a crear empleo en estas actividades, algunas de ellas olvidadas y otras nuevas.

Es cada vez más frecuente que algunos fabricantes multinacionales estén lanzando propuestas de productos duraderos que están siendo diseñados para que puedan desmontarse y repararse. Y al final de su (larga) vida útil, puedan también reciclarse fácilmente.

Silla de oficina con diseño sostenible y reciclable

¿Qué tiene de malo un producto duradero, de fácil manejo y con un ciclo de vida respetuoso con el medio ambiente?

En este punto lo que se impone es la información al individuo como consumidor para que pueda ser libre y formar su propia conciencia para elegir lo que compra y cuando lo compra.

Nuestro acto de consumo indica a las empresas lo que necesitamos y lo que no. Como se deben integrar esos productos y servicios en nuestras vidas. Cómo valoramos el impacto de sus propuestas en nuestro entorno.

Comprar premia a las empresas que nos proporcionan soluciones ecointeligentes, y castiga a aquellas que incluyen en sus estrategias prácticas de dudosa ética (y legalidad) como pueden ser la obsolescencia en cualquiera de sus variantes.

¿Qué ha sido lo último que te has comprado y que no has utilizado? ¡Seguramente no lo necesitabas!

Quizás lo que si necesites es cambiar a un estilo de vida sostenible :-)

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