El gran peligro de nuestras emisiones de carbono

A menudo, cuando comentamos que las emisiones de carbono generadas por los humanos, las antropogénicas, están provocando un calentamiento global y una crisis climática sin precedentes, algunas personas nos argumentan que la naturaleza emite mucho más CO2 que nosotros y que nuestra capacidad de influir en el clima es ínfima.

Las emisiones de carbono de origen humano desestabilizan el equilibrio natural de emisiones y absorciones

Si a esto se le suma las recientes imágenes de los miles incendios asolando el inmenso territorio ruso de Siberia, cerca del Círculo Polar Ártico, parece que la cuestión se nos está escapando de la manos. Pero, ¿estos incendios son atribuibles a causas naturales o lo son a la acción del hombre?

Antes de que cunda el pánico y que nos invada la angustia, nos gustaría aportar algo de luz a la cuestión de si la actividad humana es decisiva en el actual escenario de cambio climático.

Los más informados entre los que quitan importancia a las emisiones de carbono originadas por los humanos esgrimen un argumento similar al que reproducimos a continuación:

Los océanos son capaces de contener más de 37 gigatoneladas (GT) de carbono, mientras que la biomasa terrestre contiene entre 2.000 y 3.000 GT. Por su parte, la atmósfera alberga menos de una gigatonelada de CO2, atribuyéndose al ser humano la emisión de unas 6 GT. Océanos, tierra y atmósfera intercambian continuamente carbono, de modo que la carga adicional aportada por los humanos es increíblemente pequeña. Pequeños cambios en el balance entre océanos y atmósfera tendría mayores consecuencias que las que podemos causar los humanos.

Dicho así casi nos podría convencer, pero el matiz definitivo está en el equilibrio natural de las emisiones y las absorciones de los gases de efecto invernadero (GEI), ejemplarizados en el dióxido de carbono (CO2).

El carbono que emite la naturaleza (desde los océanos y la vegetación) se compensa con las absorciones naturales (de nuevo por los océanos y la vegetación).

Esto es así porque el paso del tiempo ha dado lugar a este ciclo virtuoso que ha posibilitado que exista la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

En el momento en surge el actual nivel de emisiones humanas es cuando se altera este ciclo que da lugar el equilibrio natural, aumentando el CO2 hasta niveles que no se han visto en al menos los últimos 800.000 años.

Para ser más exactos, con datos de 2015, los humanos estamos emitiendo unas 26 GT de CO2 al año, mientras que el CO2 en la atmósfera está aumentando en tan sólo 15 GT al año, debiéndose esto a que gran parte de nuestras emisiones están siendo ya absorbidas por sumideros naturales.

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Así, las emisiones de carbono antropogénicas son mucho menores que las emisiones naturales, estimándose que el consumo de vegetación por animales y microbios supone unas 220 GT de CO2/año, que la respiración de la vegetación emite unas 220 GT/año y que los océanos liberan unas 332 GT/año.

Sin embargo, cuando se combina el efecto de la quema de combustibles fósiles y los cambios en el uso del suelo, las emisiones humanas de CO2 se elevan un poco, llegando a las 29 GT/año.

Sin embargo, como ya hemos dicho, las emisiones naturales de CO2 (del océano y la vegetación) se compensan con los sumideros naturales, donde la vegetación absorbe unas 450 GT/año y los océanos absorben unas 338 GT/año, manteniendo los niveles atmosféricos de CO2 en un equilibro aproximado, siendo las emisiones de carbono de origen humano las que alteran este mágico equilibrio natural.

Los estudios realizado cifran sobre un 40% las emisiones humanas de CO2 que están siendo absorbidas, fundamentalmente por la vegetación y los océanos, mientras que el resto permanece en la atmósfera.

Consecuencia de este aumento de CO2 en la atmósfera es que sus niveles sean los más alto en los últimos millones de años. Un cambio natural de 100 ppm normalmente requiere entre 5.000 y 20.000 años, mientras que el reciente aumento de 100 ppm ha tenido lugar en tan sólo 120 años.

Podemos concluir, por tanto, que es la actividad humana la que supone un peligro al desestabilizar el ciclo de las emisiones de carbono, de ahí que sea tan importante para conseguir detener el ritmo de incremento de temperaturas el reducir de manera urgente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero.

Para combatir la desinformación alrededor del cambio climático os recomendamos seguir las publicaciones de Skeptical Science, organización de educación científica sin ánimo de lucro, liderada por John Cook, investigador en el Centro para la Comunicación sobre el Cambio Climático en la Universidad George Mason.

Para incidir en lo importante que es lo que acabamos de tratar, os dejamos con unas amenazantes imágenes de la agencia Copernicus ECMWF sobre las emisiones de CO2 causadas por los incendios en el Ártico de 2019:

¿Crees que es momento de pasar a la acción en la actual crisis climática?

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible, fundador de ecointeligencia y director de TIMUR

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