El consumo desmedido nos lleva a triplicar nuestra huella ecológica

En los últimos 50 años, el aumento vertiginoso del consumo humano nos ha conducido una (más que evidente) sobreexplotación de los recursos del Planeta y a que la huella ecológica haya aumentado casi un 190%, lo que supone que casi se haya triplicado.

El consumo nos ha llevado a triplicar nuestra huella ecológica

Recordemos que la huella ecológica nos sirve para medir el impacto de las actividades humanas sobre la naturaleza, representando esta magnitud como la superficie necesaria para producir los recursos y absorber los impactos de dicha actividad.

Esta superficie suma la tierra biológicamente productiva y se conoce como biocapacidad. Aquí nos encontramos el territorio destinado a cultivos, pastoreo, suelo urbanizado, zonas pesqueras y bosques. Tanto la biocapacidad como la huella ecológica se expresan en una misma unidad: hectáreas globales (hag).

Recorriendo nuestra la historia, podemos apreciar como hemos estresado los límites de la naturaleza para absorber el impacto del desarrollo humano. Antes, la contaminación y otras presiones desembocaron, sobre todo, en el deterioro de los ambientes locales. Hoy en día, hemos pasado de lo cercano a lo global, forzando a escala planetaria los límites de la resiliencia de nuestro entono.

Literalmente, nos comemos el Planeta: nuestra demanda de recursos necesita de más de un planeta y medio para satisfacerse

Estudios actualizados revelan que la humanidad está consumiendo una cantidad de recursos naturales equivalente a 1,6 Planetas. De seguir así, en 2020 se necesitarían 1,75 Planetas, y 2,5 Planetas en 2050.

Ejemplo de desperdicio en la venta de alimentos

Para contrarrestar esta tendencia, hay que adoptar urgentemente un estilo de vida sostenible que cuestione la manera en que producimos, escogemos y consumimos los recursos, sobre todo en los campos de la alimentación y la energía.

A pocos se les escapa que el sistema alimentario actual es insostenible. Por ejemplo, casi el 80% de los terrenos agrícolas se destina al ganado para producir carne y lácteos. Sin embargo, estos productos de origen animal suministran apenas el 33% de las proteínas que consumen los seres humanos en el mundo.

La agricultura ocupa el 34% del área de tierra del Planeta, es responsable del 69% de las extracciones de agua dulce y, junto con el resto del sistema alimentario, genera casi la tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Y la mayor de las contradicciones: mientras que 759 millones padecen desnutrición, la cifra de personas con sobrepeso ascendió a 1.900 millones.

En lo referente al modelo energético imperante, las renovables son una realidad, pero su lenta implantación nos lleva a que estemos aún muy lejos de la reducción de emisiones necesarias para frenar el calentamiento global.

Las sociedades modernas se basan en un modelo de combustibles fósiles

En cuanto al uso de la energía, aunque ya estamos ante un proceso imparable de transición energética tras el Acuerdo de París, hay que insistir en la necesidad de apostar por el ahorro, la eficiencia energética y las renovables como vías para reducir las emisiones que ocasionan el calentamiento global.

Campo de energía eólica en Albacete (España)

Si nos fijamos por países, los que tienen una huella ecológica absoluta mayor son China, EEUU e India, mientras que los que tienen una huella ecológica per cápita superior son Luxemburgo, Australia y EEUU.

Por su parte, España ocupa el puesto 22 en este ranking. Desde 2007, la huella ecológica española ha disminuido, quizás debido a la crisis económica, lo que ha generado un descenso de todos los componentes que integran la huella, especialmente la de carbono y cultivos.

Aun así, España sigue consumiendo más recursos de los que puede producir. De hecho, España necesitaría casi 3 países como el nuestro para satisfacer sus demanda.

Romper esta tendencia insostenible requerirá la creación de un sistema que huya del adictivo modelo lineal y de una revolución en todo lo relacionado con la producción, distribución y consumo.

Para lograrlo, es preciso entender con detalle cómo se vinculan entre sí todos los componentes y actores involucrados, desde la fuente de suministro hasta el punto de venta, donde sea que estén ubicados en el Planeta.

Y además, ¡necesitaremos mucho esfuerzo y determinación!

Si quieres profundizar en estas cuestiones, puedes acceder a la edición 2018 del Índice Planeta Vivo 2018 de WWF, y que, como es habitual, también está disponible en nuestro fondo documental ecointeligente.

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