En el debate sobre la transición energética la respuesta a la pregunta de cuándo las energías renovables dejan de ser promesa para ser realidad, lo cambia todo. En 2025, la Unión Europea ha respondido con un hecho medible: la electricidad generada por eólica y solar superó, por primera vez, a la producida con combustibles fósiles.

Esta circunstancia no es sólo un detalle estadístico, sino una señal de que el sistema eléctrico europeo empieza a reorganizarse alrededor de las tecnologías limpias, y de que el centro de gravedad energético se está desplazando.
Pero como ocurre con cualquier hito, lo importante no es celebrarlo, sino entender qué lo ha hecho posible, qué fragilidades revela y qué decisiones acelera.
Y aquí España tiene un papel especialmente interesante, ya que formamos parte activa del cambio, aunque a algunos les cueste reconocerlo.
1. El dato que marca un antes y un después
En 2025, eólica y solar aportaron conjuntamente el 30% de la generación eléctrica de la UE, mientras que los combustibles fósiles se quedaron en el 29%.
Dicho de otra forma: en el mix eléctrico europeo, el viento y el sol ya no son complementos, sino que son competencia directa de los combustibles fósiles … y. además, les ganaron.
En España, el giro es aún más pronunciado, alcanzando la eólica y la solar el 42% de la generación eléctrica
Este número es clave por 2 motivos:
- Muestra una ventaja comparativa real: España tiene recurso solar y eólico, capacidad tecnológica y un sector que ha madurado.
- Plantea un reto de segunda fase: cuando la renovable crece mucho, la pregunta pasa de ¿podemos instalarla? a ¿podemos integrarla bien?
Y es que este avance no ocurre en el vacío. Ocurre en un mundo donde la dependencia fósil genera inestabilidad, y por eso la transición hacia energía limpia es más urgente y evidente que nunca.
2. El motor del cambio es la energía solar
Si hay una tecnología que explica buena parte del salto de 2025, es la energía solar fotovoltaica.
La generación solar creció más de un 20%, y lo hizo por 4º año consecutivo, hasta alcanzar un récord del 13% de la electricidad de la UE.
Lo relevante no es solamente el porcentaje, sino el patrón:
- Todos los países de la UE aumentaron su generación solar respecto al año anterior.
- La solar ya es protagonista en varios sistemas nacionales: Hungría (28%), Chipre (25%), Grecia (22%), España (22%) y Países Bajos (21%) de su generación eléctrica provino del sol.
Que España esté en ese grupo no es casualidad. Habla de radiación, sí, pero también de inversión, aprendizaje regulatorio, tejido empresarial y reducción de costes.
Y, aun así, conviene no caer en un relato simplista, ya que instalar paneles es relativamente fácil, pero convertir esa abundancia en un sistema robusto y justo es el verdadero desafío.
3. Las energías renovables alcanzan el 48%
En total, las renovables aportaron el 48% de la electricidad de la UE en 2025. Y esto ocurrió pese a un factor que a veces se pasa por alto en la conversación pública: el clima.
Ese año hubo condiciones meteorológicas inusuales que provocaron una caída de:
- hidroeléctrica: -12%
- eólica: -2%
… mientras que favorecieron a la solar.
Este punto es crucial para una transición realista, pues el sistema eléctrico renovable no se diseña para un año perfecto, sino para años variables.
Cuanto más dependamos de fuentes dependientes del clima, más importante será invertir en flexibilidad, en forma de almacenamiento, gestión de demanda, redes, interconexiones y planificación.
Aún con ese bache, la eólica se mantuvo como la 2ª mayor fuente de electricidad de la UE (17%), por delante del gas. Y el cambio ya no es sólo agregado: en 14 de los 27 países, eólica y solar generaron más que todas las fuentes fósiles juntas.
Además, la tendencia de fondo impresiona, ya que, en 5 años, la UE ha pasado del 20% (2020) al 30% (2025) en eólica y solar, mientras los fósiles cayeron del 37% al 29%. Eso ya no es un experimento, sino un cambio estructural.

4. El lado B del hito: cuando sube el gas, suben los precios
Aquí llega la parte incómoda, pues mientras eólica y solar marcan récords, el gas sigue jugando un papel de bisagra … y a veces de freno.
En 2025:
- La generación eléctrica con gas aumentó un 8% en la UE, sobre todo para compensar la caída hidroeléctrica.
- Aun así, el gas está en declive de largo plazo: seguía un 18% por debajo del máximo de 2019.
En España, el aumento fue mayor, con aumento del 19% en generación con gas, aunque todavía un 28% por debajo del pico de 2022.
Parte de esta subida se asocia al uso de centrales de gas para servicios de red (por ejemplo, control de voltaje), algo que se puede considerar como temporal, porque cambios normativos aprobados en junio de 2025 permitirán que las renovables asuman ese control a partir de enero de 2026.
¿Por qué importa tanto el gas si su peso baja? Porque en un sistema de tipo marginal, el gas marca el precio muchas horas. Y eso se vio en números:
- La factura de importación de gas del sector eléctrico de la UE subió hasta 32.000 millones de euros en 2025 (+16%).
- En las horas con mayor uso de gas, hubo picos de precio con un aumento medio del 11% respecto a 2024 en esos periodos.
La prioridad debería ser, por tanto, reducir seriamente la dependencia del gas caro e importado, porque además de vulnerable geopolíticamente, encarece la electricidad.
La lectura ecointeligente aquí es clara: no basta con instalar renovables; hay que reducir las horas en las que el gas manda. Y para eso, hace falta almacenamiento y gestión inteligente del sistema.
5. El cuello de botella de las redes y las baterías
Si 2025 ha sido el año de la sorpresa estadística, 2026 y siguientes deberían ser los años de la flexibilidad.
El despliegue de baterías pisa el acelerador en la UE, aunque con concentración, ya que casi la mitad de las baterías a escala de red siguen en Italia y Alemania.
La buena noticia es que hay proyectos en marcha o anunciados en la mayoría de países. Y en España destaca que la cartera de proyectos alcanzó niveles récord en 2025, aunque la capacidad actual todavía sea baja en comparación con toda la eólica y solar instalada.
España tiene una oportunidad enorme. Siendo uno de los principales productores solares de Europa, las baterías permitirían trasladar energía renovable a las horas de mayor consumo de gas y, así, reducir más los precios.
En esta misma línea, es importante reconocer que España ha apostado fuerte por renovables, hasta el punto de que ahora generamos más de lo que consumimos. Así pues, el reto será maximizar el consumo de esa nueva generación y ser capaces de almacenarla para que, además de limpia, sea gestionable, y así seguir reduciendo la influencia del gas.
No queremos solo electricidad verde; queremos electricidad verde disponible cuando la necesitamos
6. España ante una segunda fase: electrificar, almacenar y repartir beneficios
Que España alcance un 42% de eólica y solar es motivo de impulso, pero también un espejo que devuelve preguntas incómodas:
- ¿Estamos electrificando lo suficiente la demanda? Si la electricidad renovable crece, pero el consumo limpio no acompaña, habrá más vertidos y más frustración social.
- ¿Se está reforzando la red al ritmo necesario? La transición se juega en subestaciones, líneas, digitalización y permisos, no solo en megavatios instalados.
- ¿Cómo se reparten los beneficios? La transición debe ser también justicia climática: acceso asequible a energía, autoconsumo y comunidades energéticas, empleo digno y protección de territorios.
Aquí conviene ser críticos, pues un sistema renovable rápido, pero socialmente torpe puede volverse políticamente frágil. Y un sistema técnicamente brillante pero caro o desigual puede perder legitimidad.
Por eso, el debate sobre baterías y redes debe ser de política pública con impacto social.

7. Mirada a futuro: del récord a la resiliencia
El dato de 2025 de que eólica y solar están por encima de fósiles en la UE, es una buena noticia climática y una buena noticia estratégica.
Pero no es el final del camino, es un cambio de paradigma.
Los próximos pasos son bastante concretos:
- Reducir las horas de precio dictado por gas mediante almacenamiento, respuesta de demanda y renovables gestionables.
- Acelerar redes e integración, incluido el control de voltaje por renovables desde 2026 en España.
- Electrificar usos finales para que el exceso renovable se convierta en descarbonización real, no en energía desperdiciada.
- Hacer la transición socialmente justa, porque sin apoyo ciudadano no hay transición que dure.
Si algo nos enseña este hito es que la transición energética ya no se discute como posibilidad, sino como diseño sostenible, centrado en ver cómo la hacemos estable, asequible y equitativa, habiendo demostrado, tanto Europa como España, la capacidad de avanzar rápido.
Ahora toca demostrar que sabemos avanzar bien.
