Si, se pierde tanto la energía de las personas como la que se mide en kWh. Parece que nos hemos acostumbrado, pero cada verano (sin excepción) nos enfrentamos a misma tragedia: miles de hectáreas de monte y bosque arrasadas por incendios forestales.

En España, a estas alturas del verano 2025, más de 4.000 km² de superficie forestal (área similar a toda la isla de Mallorca) han quedado reducidos a cenizas, encontrándonos con la dolorosa paradoja de que lo que hoy arde sin control podría haberse transformado en energía renovable, empleo rural y oportunidades económicas.
La biomasa forestal, esa materia orgánica que se acumula en nuestros bosques, no es solamente un recurso energético renovable, sino que también puede convertirse en una herramienta clave de gestión forestal, ayudando a limpiar el monte, reducir el riesgo de incendios y avanzar hacia los objetivos de descarbonización que España y Europa se han marcado.
Veamos cómo la biomasa forestal puede pasar de ser un problema a una solución sostenible que aporte beneficios ambientales, económicos y sociales.
1. Qué es la biomasa forestal y cómo puede aprovecharse
La biomasa forestal es el conjunto de restos vegetales procedentes de los bosques, como pueden ser ramas, hojas, cortezas, restos de podas, maderas de escaso valor comercial o incluso residuos de la industria maderera. Aunque durante décadas han sido considerados residuos, hoy sabemos que son una fuente de energía renovable y versátil.
Existen varias formas de aprovechar la biomasa forestal:
- Generación eléctrica en plantas específicas de biomasa.
- Producción de calor en calderas para usos industriales, municipales o domésticos.
- Cogeneración, combinando calor y electricidad para maximizar la eficiencia.
- Biocombustibles sólidos como pellets o astillas, cada vez más comunes en sistemas de calefacción.
Aunque hay controversia en este asunto, podemos considerar a la biomasa neutra en carbono, ya que el CO₂ que libera al quemarse es equivalente al que absorbió la planta durante su crecimiento. Esto la convierte en un recurso alineado con la transición energética y la reducción de emisiones.
2. El papel de la biomasa en la transición energética
España, al igual que sus socios de la Unión Europea (UE), se ha comprometido a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y aumentar el peso de las energías renovables en el mix energético.
Según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), la meta es alcanzar 1.400 MW de biomasa eléctrica instalada para 2030. Sin embargo, la realidad está lejos de ese objetivo, pues hoy apenas superamos los 600 MW instalados, y lo que es peor, entre 2022 y 2025 no se ha conectado ni un solo megavatio nuevo, según denuncia la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA).
El estancamiento contrasta con el potencial del recurso. España, con más de 18 millones de hectáreas forestales, dispone de materia prima suficiente para triplicar su capacidad actual.
Además, la biomasa ofrece una ventaja competitiva frente a otras renovables, ya que es gestionable. Es decir, a diferencia de la solar o la eólica, puede producir electricidad y calor de forma continua, aportando estabilidad al sistema eléctrico.
Pero el sector de las energías renovables advierte que, sin un calendario de subastas claro, un marco retributivo estable y una actualización realista de costes operativos (que crecen más de un 1% anual, muy por encima de lo reconocido oficialmente), será difícil atraer inversiones y activar proyectos.
3. Beneficios adicionales: limpieza de montes y prevención de incendios
El valor de la biomasa forestal no se limita a la energía. Uno de sus beneficios más relevantes está en la gestión forestal preventiva. Los incendios no surgen por azar y se alimentan del exceso de biomasa acumulada en los montes, resultado de una primavera húmeda seguida de un verano seco.
En un contexto de crisis climática y con la aparición de lo que se denomina megaincendio (o incendio de sexta generación), transformar esa biomasa excedentaria en energía ofrece un doble beneficio:
- Reducir la carga de combustible en los bosques, disminuyendo la intensidad y propagación de incendios.
- Generar recursos económicos que, en lugar de destinarse sólo a la extinción, se invierten en prevención, empleo y desarrollo local.
Aplicando el triple balance de la sostenibilidad se ve como claridad: ¿y si en lugar de gastar millones en apagar incendios, apostáramos por recoger esa biomasa y transformarla en energía y empleo?
Ya lo hemos comentado antes, la paradoja es evidente: mientras el fuego arrasa lo que podría ser calor en hogares, electricidad en industrias o biocombustibles para el transporte, España gasta cientos de millones cada año en labores de extinción

4. El abandono rural no ayuda
A la ecuación se suma el factor del abandono del campo y de la superficie agrícola. Cada vez hay menos actividad en el entorno rural, lo que favorece la acumulación de biomasa y aumenta la vulnerabilidad frente a los incendios.
Impulsar un modelo en el que la recogida y aprovechamiento de biomasa forestal sea motor de empleo rural tendría un triple efecto positivo:
- Revalorizar los montes y su gestión sostenible.
- Fijar población en áreas rurales, generando actividad económica donde más se necesita.
- Reforzar la economía circular, al dar un uso productivo a lo que hoy es un residuo peligroso.
No se trata de sustituir otros sectores, sino de complementarlos con una actividad que aprovecha un recurso abundante, local y sostenible.
4. La biomasa como una oportunidad de país
La biomasa forestal podría desempeñar un papel estratégico en el futuro energético y ambiental de muchos países amenazados por el fuego, no sólo España. Sus ventajas son claras:
- Prevención de incendios forestales: al retirar el exceso de combustible de los montes.
- Incremento del porcentaje de energías renovables en el mix energético.
- Creación de empleo rural y dinamización de la economía local.
- Estabilidad y gestionabilidad dentro del sistema eléctrico, algo que otras renovables no ofrecen.
- Reducción de emisiones frente a combustibles fósiles.
Sin embargo, para que esto ocurra es imprescindible un decidido impulso institucional, que de respuesta a las necesidades expuestas por el sector (subastas, incentivos y visión a largo plazo) y también confianza a los inversores.
5. Ejemplos y buenas prácticas
En algunos países europeos, como Suecia o Finlandia, la biomasa forestal representa una parte significativa de su mix energético y está integrada en estrategias de gestión sostenible de los bosques.
Allí, la cultura de considerar los residuos forestales como recurso ha permitido reducir incendios, generar energía local y crear cadenas de valor industriales.
En España también existen casos de estudio:
- En Soria, varias redes de calor con biomasa abastecen a edificios públicos y privados, reduciendo costes y emisiones.
- En Castilla-La Mancha y Andalucía, plantas de biomasa generan electricidad a partir de restos agrícolas y forestales, con un impacto positivo en el empleo local.
Estos ejemplos demuestran que, con apoyo adecuado, la biomasa puede escalar y convertirse en una pieza fundamental de la transición energética.

6. Conclusión: de combustible para el fuego a motor de oportunidades
Cada hectárea que arde en España es energía que se pierde y oportunidad que se esfuma. La biomasa forestal puede ser nuestra aliada para transformar un problema en solución: menos incendios, gracias a montes más limpios y gestionados, más renovables, aportando electricidad y calor sostenibles, y más empleo rural, ofreciendo futuro a territorios que hoy se sienten abandonados.
Lo que hoy es combustible para el fuego, mañana podría ser calor en los hogares, electricidad en la red y oportunidades para el mundo rural.
Apostar por la biomasa forestal no es solamente una cuestión energética: es también una estrategia de país para hacer frente al cambio climático, proteger nuestros bosques y revitalizar el medio rural.
