Renovables imparables: la electricidad limpia ya gana también por coste

Durante años, el principal argumento a favor de las energías renovables fue ambiental focalizado en reducir emisiones, combatir el cambio climático y avanzar hacia una economía baja en carbono.

La electricidad que consumimos necesita de renovables que aporten flexibilidad, disponibilidad y seguridad de manera competitiva

Hoy, ese argumento sigue siendo esencial, pero ya no es el único, confirmándonos el informe Renewable Power Generation Costs in 2025 de IRENA que la generación renovable se ha consolidado como la opción más competitiva para producir nueva electricidad en la mayoría de los mercados.

Así, la transición energética ya no depende solamente de la conciencia climática, sino también de una realidad económica cada vez más difícil de ignorar.

1. La métrica que explica el cambio

Para entender la magnitud del cambio conviene empezar por el LCOE, siglas en inglés de Levelised Cost of Electricity, o coste nivelado de la electricidad.

Este indicador calcula cuánto cuesta producir un megavatio hora de electricidad durante toda la vida útil de una instalación, incorporando inversión inicial, operación, mantenimiento, rendimiento y coste de financiación.

Es decir, el LCOE permite comparar tecnologías muy distintas (solar fotovoltaica, energía eólica, gas, carbón, hidráulica o almacenamiento) bajo una misma lógica económica.

No mide todo lo que importa en un sistema eléctrico, porque también cuentan la flexibilidad, la disponibilidad, las redes o la seguridad de suministro, pero sí ofrece una referencia muy útil sobre competitividad.

Desde 2010, la energía solar fotovoltaica ha reducido su coste un 89%, la eólica terrestre un 71% y la eólica marina un 63%

En 2025, más del 90% de la nueva capacidad renovable a escala comercial generó electricidad a un coste inferior al de la alternativa fósil nueva más barata.

2. La solar fotovoltaica entra en una nueva etapa

La energía solar ha sido la gran protagonista de la revolución renovable de la última década, gracias a su despliegue masivo, la mejora de la eficiencia, la industrialización de la fabricación y la expansión de las cadenas de suministro que redujeron drásticamente los precios de módulos, inversores y sistemas completos.

Sin embargo, tras años de fuertes descensos, el coste de la solar fotovoltaica empieza a estabilizarse, y en 2025, el LCOE global ponderado de la solar se mantuvo en 44 dólares por megavatio hora, el mismo nivel que en 2024.

No porque la tecnología haya dejado de mejorar, sino porque varios factores se compensaron entre sí: los equipos fueron más baratos, pero el coste del capital aumentó y los factores de capacidad se redujeron ligeramente.

Esta estabilización no debe interpretarse como que la solar fotovoltaica ha entrado en una fase de madurez, y no cabe esperar caídas tan espectaculares como las observadas desde 2010.

3. La energía eólica sigue reduciendo costes

Mientras la solar se estabiliza, la energía eólica continúa mejorando, y en 2025, el LCOE de la eólica terrestre cayó hasta 33 dólares por megavatio hora, mientras que la eólica marina descendió hasta 78 dólares por megavatio hora.

La reducción es especialmente significativa porque la eólica afronta retos industriales complejos: aerogeneradores de mayor tamaño, logística pesada, permisos, conexión a red y, en el caso de la marina, condiciones de instalación más exigentes.

La eólica terrestre se mantiene como una de las tecnologías más competitivas del sistema eléctrico global, ya que su ventaja radica en que combina costes relativamente bajos con factores de capacidad superiores a los de la solar en muchos emplazamientos.

La eólica marina, aunque más cara, ofrece un potencial estratégico para regiones densamente pobladas, con limitaciones de suelo o con buenos recursos eólicos en el mar.

No obstante, también se advierten tensiones, pues los precios de componentes y materias primas han aumentado en algunos mercados, especialmente en Occidente, lo que podría presionar al alza los costes durante 2026.

La transición energética depende, por tanto, no solamente de tecnología, sino de política industrial, cadenas de suministro sólidas y marcos regulatorios estables.

4. La brecha entre renovables y fósiles se amplía

La competitividad renovable resulta aún más evidente cuando se compara con la evolución de las tecnologías fósiles.

Entre 2024 y 2025, el coste de nueva generación con gas aumentó. La escasez de turbinas de gas, impulsada en parte por la fuerte demanda asociada a centros de datos, prácticamente duplicó la inversión necesaria para una central de ciclo combinado nueva en Estados Unidos, hasta unos 2.400 dólares por kilovatio.

En mercados con gas caro, como Italia, Alemania o Japón, el LCOE de la generación con gas se acercó a los 100 dólares por megavatio hora. En mercados con gas más barato, se mantuvo en el rango de 50 a 60 dólares por megavatio hora.

Esta diferencia muestra una de las grandes ventajas estructurales de las renovables, ya que una vez construidas, no dependen de la compra de combustible

Por eso las energías renovables funcionan como un seguro frente a la volatilidad geopolítica, estimándose que en 2025 evitaron 480.000 millones de dólares en costes de combustibles fósiles y 8,4 gigatoneladas de emisiones de CO₂.

El valor de las energías renovables aumenta precisamente cuando suben los precios internacionales del gas, el carbón o el petróleo.

5. Baterías y sistemas híbridos: la nueva frontera

El almacenamiento energético es la pieza que está cambiando el papel de las renovables variables.

En 2025, el coste instalado de las baterías de 4 horas a escala comercial cayó cerca de un 30%, hasta unos 140 dólares por kilovatio hora, alrededor de un 95% menos que en 2010. En China, los costes bajaron incluso por debajo de 70 dólares por kilovatio hora.

Esta caída transforma la economía de los sistemas híbridos, especialmente los proyectos que combinan energía solar y baterías, y en 2025 aproximadamente un 25% de la nueva capacidad solar a escala comercial se instaló junto con almacenamiento.

Además, el LCOE firme de los sistemas solar más batería con alta fiabilidad cayó por debajo de 85 dólares por megavatio hora en emplazamientos de buena calidad.

Un sistema híbrido también puede desplazar la energía producida a las horas de mayor demanda, reducir vertidos, mejorar el uso de las conexiones a red y proteger a los promotores frente a precios bajos o volátiles.

Para el sistema eléctrico, esto significa más flexibilidad y mayor capacidad para integrar renovables sin comprometer la seguridad de suministro.

6. Mirando al futuro

Una de las conclusiones que podemos sacar es que, cada vez más, importa menos qué tecnología se construye y más dónde se construye.

Se estima que las condiciones macroeconómicas nacionales (riesgo soberano, inflación, tipos de interés y estabilidad regulatoria) explican alrededor del 56% de la variación en los costes de financiación, frente al 24% atribuible a la tecnología.

Esto tiene enormes implicaciones para los países emergentes y en desarrollo, donde crecerá gran parte de la demanda eléctrica futura.

En muchos casos, la barrera principal ya no es el coste de los paneles solares o los aerogeneradores, sino el coste del dinero, por lo que reducir riesgos, ofrecer marcos regulatorios previsibles y movilizar financiación puede ser tan importante como mejorar la eficiencia tecnológica.

Se prevé que los costes sigan bajando hasta 2035, aunque a un ritmo más lento. El coste total instalado de la solar fotovoltaica podría reducirse en torno a un 40% adicional durante la próxima década, mientras que la eólica terrestre lo haría alrededor de un 20%, y, aunque son cifras relevantes, son inferiores a las caídas históricas registradas desde 2010.

Las mayores oportunidades estarán probablemente en baterías, almacenamiento de larga duración, sistemas híbridos, nuevas químicas como ion sodio, baterías de flujo, aire comprimido, células solares de perovskita y tecnologías oceánicas como la energía undimotriz y mareomotriz.

Pero también existen riesgos, como pueden ser la volatilidad de materias primas, las tensiones comerciales, la concentración industrial, los cambios regulatorios y la competencia.

7. Conclusión: la transición energética entra en su fase económica

Podemos confirmar que las energías renovables han dejado de ser una alternativa emergente para convertirse en el eje económico del nuevo sistema eléctrico.

La energía solar, la energía eólica, las baterías y los sistemas híbridos están redefiniendo el coste de la electricidad, reforzando la seguridad energética y acelerando la descarbonización.

La próxima década no estará marcada solo por quién instale más megavatios, sino por quién sea capaz de financiarlos mejor, conectarlos antes, almacenarlos de forma eficiente e integrarlos inteligentemente en el sistema.

La transición energética ya no consiste únicamente en sustituir combustibles fósiles por renovables, sino también en construir un nuevo sistema eléctrico más barato, resiliente, flexible y seguro.

¡Ahí está la verdadera oportunidad!

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible y fundador de ecointeligencia

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