Cómo la transición sostenible avanza incluso cuando la política la frena

A veces, hablar de clima uno se siente abrumado por las alertas: olas de calor más largas, incendios más intensos, inundaciones repentinas, récords de temperatura… y, al mismo tiempo, noticias políticas que parecen echar el freno justo cuando haría falta acelerar.

La transición sostenible no se sostiene sólo con tecnología o tratados, sino que lo hace con una cultura capaz de mirar el problema de frente

Es normal que mucha gente experimente cansancio, frustración o incluso ansiedad climática. Y, sin embargo, hay un matiz importante que no deberíamos perder, y es que la acción climática no es un relato único de derrota, sino un terreno en disputa donde, a pesar de los retrocesos, también se están consolidando logros que importan.

Es por tanto que es necesario reconocer los éxitos sin caer en triunfalismos, y aprender qué funciona para proteger y ampliar el progreso.

1. El año 2025

El año 2025 comenzó con malas noticias en el tablero político. La retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París (COP21) bajo la presidencia de Donald Trump simbolizó un giro hacia políticas más complacientes con los combustibles fósiles.

En Europa, además, se vieron presiones para debilitar ciertas medidas ambientales, incluyendo políticas clave relacionadas con la deforestación y el sector de la automoción.

Y la cumbre COP30 terminó sin un itinerario claro para abandonar los combustibles fósiles y con compromisos insuficientes por parte de muchos países.

Mientras tanto, el mundo físico (atmósfera, océanos y suelos) siguió enviando mensajes cada vez menos ambiguos. 2025 se situó entre los años más cálidos registrados, con temperaturas rozando peligrosamente el umbral de 1,5°C que se tomó como referencia global hace apenas una década.

Las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) siguieron creciendo, y los impactos (inundaciones, incendios, calor extremo) se sintieron en muchos lugares a la vez.

Ese contraste entre una política que se atasca y un clima que se acelera alimenta una sensación de impotencia

Pero aquí aparece una idea clave y es que el diagnóstico no invalida el valor de lo que sí está funcionando, y, de hecho, reconocer avances puede ser una herramienta contra la parálisis.

2. La parte que suele faltar en el relato: los éxitos

Cuando hablamos de éxitos climáticos no nos referimos a que el problema esté resuelto, sino a cambios medibles y decisiones institucionales que reducen emisiones, protegen ecosistemas o fortalecen la adaptación.

Y en 2025 ocurrieron varios hitos con peso propio:

2.1 Energía: señales claras de cambio de tendencia

Uno de los datos más potentes es que, a escala global, la producción eléctrica renovable superó al carbón por primera vez. Y en la Unión Europea, las energías solar eólica han llegado a superar a los combustibles fósiles en generación eléctrica.

Esto importa por 3 motivos:

  • Economía y competitividad: cuando una tecnología se vuelve dominante, atrae inversión, mejora cadenas de suministro y acelera el aprendizaje (más eficiencia, menos costes).
  • Inercia positiva: cada gigavatio renovable nuevo desplaza parte de la generación fósil y reduce dependencia energética.
  • Señal cultural y política: normaliza el cambio. Lo que hace cinco años parecía alternativo, hoy es infraestructura estratégica.

En España esto conecta con debates cotidianos como son el del autoconsumo, las comunidades energéticas, las redes, el almacenamiento o el reparto de beneficios en territorios rurales.

La transición energética no es solamente más renovables, sino hacerlo bien, con planificación, justicia territorial y resiliencia.

2.2 Océanos y biodiversidad: un tratado que protege lo común

La ratificación del Tratado de Alta Mar fue destacada como un logro relevante para proteger ecosistemas oceánicos.

Aunque el océano parezca lejano, es un pilar de nuestra estabilidad climática, en forma de regulación de temperaturas, absorción de calor y carbono, sostenimiento de la biodiversidad y de las economías costeras.

Protegerlo no es conservacionismo romántico, sino gestión del riesgo.

2.3. Justicia climática y obligaciones: cuando el derecho empuja

Otro hito es el pronunciamiento de la Corte Internacional de Justicia indicando que los países están obligados a reducir emisiones.

Este tipo de decisiones no reduce emisiones por sí sola, pero sí cambia el marco, pues refuerza litigios climáticos, presiona a gobiernos, da argumentos a la sociedad civil y a empresas que quieren certidumbre regulatoria.

En otras palabras, convierte la acción climática en deber, no solamente en promesa.

2.4 La cooperación no ha muerto: adaptación y financiación siguen avanzando

Es necesario reconocer la frustración con las COP, pero sin olvidarnos que la comunidad internacional sigue compareciendo, y ahí se han producido avances, especialmente en adaptación y financiación.

Puede sonar abstracto, pero se traduce en algo concreto que ayuda a mejorar sistemas de alerta, infraestructuras resilientes, agricultura adaptada, y reducir vulnerabilidades en lugares donde el impacto climático es ya una cuestión de supervivencia.

3. La clave estratégica

Un punto especialmente interesante es que, incluso con turbulencias políticas, existen mecanismos que frenan el retroceso total. ¿Cuáles?

  • Leyes y políticas climáticas (locales, nacionales, internacionales) que orientan inversión y desarrollo.
  • Mercados y cadenas de valor que ya han interiorizado parte de la transición (porque es rentable, porque hay estándares, porque hay demanda).
  • Redes de colaboración entre ciudades, como C40 Cities, que comparten soluciones y aceleran aprendizajes.

Esta idea es poderosa y es que la transición no depende sólo de tener buenos líderes, sino que depende también de arquitecturas (normas, acuerdos, redes, instituciones, innovación) que hacen que, aunque cambie el viento político, no se borre todo de un plumazo.

4. ¿De qué sirve lo local si el problema es global?

Muchas personas sienten que reciclar, usar transporte público o ahorrar energía es una gota en el océano. Y tienen razón en parte porque el clima es un sistema global y requiere cambios estructurales.

Recordemos algo esencial y es que la vida se vive en lo local, y lo local puede ser donde la adaptación y la mitigación se vuelven tangibles. Además, lo local no es solamente acciones individuales, sino que incluye ayuntamientos, cooperativas, centros educativos, asociaciones de barrio, pymes, regantes u hospitales. Es decir, instituciones cercanas con capacidad de decisión.

Un ejemplo especialmente ilustrativo es el de los agricultores en India que recibieron pronósticos meteorológicos de largo plazo mejorados mediante inteligencia artificial durante el monzón, ayudándoles a adaptarse mejor a condiciones cambiantes.

La lección no es la IA lo arreglará todo, sino que la innovación aplicada a necesidades reales, en el momento adecuado, puede reducir vulnerabilidad y proteger medios de vida.

En el contexto mediterráneo esto conecta con:

  • Planes urbanos contra el calor (sombra, arbolado, refugios climáticos).
  • Gestión del agua ante sequías más intensas.
  • Agricultura más resiliente (suelo vivo, eficiencia hídrica, diversificación).
  • Prevención de incendios con ordenación territorial y mosaicos agroforestales.
  • Salud pública preparada para olas de calor y nuevos patrones de enfermedad.

5. Ciencia y cooperación

Actualmente vivimos un momento complejo para la práctica científica y la colaboración internacional, con más obstáculos y tensiones.

Y, aun así, los datos, la investigación y el intercambio internacional son infraestructura climática. Sin ciencia no hay buenos diagnósticos y sin cooperación, las soluciones se fragmentan y llegan tarde.

Esto también nos invita a una responsabilidad comunicativa, ya que si la ciencia es parte del sistema inmunitario frente al riesgo climático, la divulgación rigurosa es parte de su circulación.

Traducir hallazgos a decisiones, a cultura pública, a políticas locales y a hábitos colectivos es una pieza del engranaje.

6. Conclusión

El camino que viene no es fácil. Habrá dureza e injusticias, pero es el único camino disponible y lo moldean nuestras elecciones.

La idea final podría ser esta:

  • Sí, la ambición actual es insuficiente.
  • Sí, hay retrocesos políticos reales.
  • Pero también hay avances medibles, salvaguardas y soluciones que ya funcionan.

Y eso cambia el estado mental desde el que actuamos. Porque si todo fuera desastre, la acción sería un gesto vacío. Pero si hay cambios en marcha (energéticos, legales, tecnológicos, comunitarios) por lo que nuestra acción no es simbólica, sino parte de una dinámica que puede acelerarse.

La acción climática no se sostiene sólo con tecnología o tratados, sino que lo hace con una cultura capaz de mirar el problema de frente … y aun así seguir construyendo.

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible y fundador de ecointeligencia

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