La heurística del esfuerzo o el valor oculto tras los proyectos sostenibles

Imagina la escena: tras meses de reuniones, análisis técnicos y negociaciones, por fin se inaugura un nuevo proyecto urbano sostenible. El día de la apertura todo luce impecable, pero la conversación pública rápidamente se centra en el coste o en algún detalle menor de la obra.

La heurística del esfuerzo es un sesgo cognitivo describe nuestra tendencia a asignar más valor y calidad a lo que percibimos como difícil de lograr

Toda la dedicación y los obstáculos superados durante el proceso parecen haberse esfumado. Este error de comunicación es más común de lo que pensamos, ya que con frecuencia nos obsesionamos con mostrar el resultado final perfecto y olvidamos narrar el viaje que llevó hasta allí.

Solamente enseñamos la punta del iceberg, pero ocultamos la enorme masa de esfuerzo bajo la superficie

Esta estrategia de comunicación basada en presentar grandes iniciativas de sostenibilidad, como proyectos de smart city o infraestructuras verdes, de forma tan pulida que borran la historia del proceso, busca destacar el logro y transmitir eficiencia.

Sin embargo, al mostrar solo el qué y no el cómo, corremos un riesgo, y es que el público puede asumir que todo apareció por arte de magia, sin esfuerzo ni contratiempos.

Cuando la ciudadanía no ve lo que costó lograrlo, cualquier inversión de tiempo o dinero les puede parecer exagerada o injustificada. Es como si ese nuevo parque, carril bici o edificio eficiente hubiera surgido de la nada, lo que alimenta la percepción de que es muy caro para lo que es.

La metáfora del iceberg ilustra bien este fenómeno. En un iceberg, solo un 10% de su volumen es visible; el restante 90% permanece sumergido. Del mismo modo, un proyecto sostenible es como un iceberg: la gente ve la inauguración, la cinta cortada y el espacio terminado (la punta visible), pero el 90% del valor –el esfuerzo real– queda oculto bajo la superficie.

Estudios de impacto ambiental, diseños descartados, negociaciones con comunidades locales, innovaciones técnicas … Todo ese trabajo invisible pero crucial es la base que sostiene el resultado final.

Si no lo comunicamos activamente, la sociedad difícilmente podrá valorarlo en su justa medida.

1. La heurística del esfuerzo: valoramos lo difícil de lograr

¿Por qué es tan importante contar lo que sucede tras bambalinas? Aquí entra en juego un concepto de la psicología cognitiva conocido como la heurística del esfuerzo.

Este sesgo cognitivo describe nuestra tendencia a asignar más valor y calidad a aquello que percibimos como difícil de lograr o que requirió un gran esfuerzo. En otras palabras, cuanto más trabajo creemos que ha costado crear algo, más lo apreciamos.

Un estudio clásico de Kruger et al. (2004) lo demostró de forma palpable. En un experimento, se pidió a varios participantes que leyeran el mismo poema y evaluaran su calidad.

A unos se les dijo que el autor había tardado solo 4 horas en escribirlo y a otros, que había invertido 18 horas. ¿El resultado? El grupo que pensaba que el poema requirió 18 horas lo valoró significativamente más, tanto en calidad literaria como en cuánto pagarían por él.

El poema era idéntico, pero la percepción de un mayor esfuerzo aumentó su valor a ojos del público. Este efecto se replicó también con pinturas en el mismo estudio, donde las obras supuestamente más trabajadas fueron preferidas y consideradas más valiosas que las rápidas.

Esta heurística del esfuerzo funciona como atajo mental, pues en áreas donde el valor es difícil de juzgar o no somos expertos, usamos cualquier información disponible para estimar la calidad.

Solemos asumir que lo que costó más esfuerzo es mejor

En el contexto de proyectos sostenibles, si la gente percibe que detrás de esa nueva infraestructura hubo un trabajo arduo, tenderá a otorgarle mayor mérito y aceptación.

Las energías renovables presentes en viviendas y barrios

2. Transparencia en las dificultades: ¿debilidad o fortaleza?

Surge entonces una pregunta clave: mostrar las dificultades y obstáculos superados, ¿es un signo de debilidad o una demostración de fortaleza y transparencia?

Muchos gestores de proyectos temen que admitir problemas o esfuerzos extraordinarios pueda parecer una justificación defensiva o revelar flaquezas en la ejecución. Pero la realidad apunta a lo contrario.

Ocultar los retos puede transmitir una falsa sensación de facilidad, pero también priva al proyecto de una narrativa poderosa. En cambio, compartir el camino recorrido (con sus baches y soluciones creativas) suele inspirar respeto.

Lejos de ver debilidad, el público percibe honestidad y rigor. Como señala la literatura de comunicación estratégica, reconocer abiertamente las dificultades superadas no es mostrar vulnerabilidad inútil, sino demostrar transparencia y capacidad de superación.

De hecho, cierta vulnerabilidad estratégica puede generar una confianza enorme en la audiencia, porque indica que no se está maquillando la realidad.

Por supuesto, se trata de un equilibrio estratégico. No significa inundar al público con cada problema técnico o queja interna, lo cual sería contraproducente. La clave está en seleccionar y narrar los obstáculos de forma constructiva, enfocándose en cómo se resolvieron.

Así, las dificultades se presentan como parte natural del proceso y su superación se convierte en parte del valor entregado.

3. Narrar el proceso como inversión

Para revalorizar los proyectos sostenibles ante la sociedad, debemos ampliar nuestra forma de comunicar.

Ya no basta con enseñar la foto final y la cifra de presupuesto. Es hora de pasar de comunicar sólo el qué (el resultado) a comunicar también el cómo y cuánto esfuerzo costó.

Este cambio de enfoque puede ser uno de los más rentables en términos de percepción pública, pues transforma la idea de un simple gasto en la de una inversión valiosa.

¿Qué implica esto en la práctica? En primer lugar, contar la historia del proyecto para hacer tangible el esfuerzo realizado, ofreciendo pruebas claras de que detrás del resultado hubo dedicación y rigor.

Además, es importante humanizar el proceso, presentando a las personas detrás del proyecto (los técnicos, urbanistas, ingenieros, vecindario líder del proceso participativo) y permitir que compartan en primera persona algún desafío que enfrentaron y superaron.

La gente conecta con historias y con personas reales, no con comunicados institucionales genéricos. Mostrar esos rostros y voces añade autenticidad y acerca el proyecto a la ciudadanía.

Por último, no temer mostrar los desafíos superados, especialmente si demuestra compromiso con los valores que predica la sostenibilidad, ya que esto le dice al público que se hicieron las cosas bien incluso cuando era difícil, reforzando la confianza en las instituciones o equipos encargados.

4. Conclusión: hacia una comunicación más transparente y valorada

La comunicación en sostenibilidad debe evolucionar desde la simple exhibición de logros hacia la narrativa completa de esos logros.

Cuando comunicamos el esfuerzo de forma honesta, estamos invitando al público a apreciar la verdadera magnitud de los proyectos. Esto tiene beneficios palpables: ayuda a justificar la inversión y los plazos (si la gente entiende la complejidad, cuestionará menos los costes), genera respeto y confianza al mostrar transparencia, y fortalece el posicionamiento de quienes lideran el proyecto como profesionales rigurosos y comprometidos.

En la era de la inmediatez, donde solamente vemos resultados pulidos, recuperar el hábito de contar el porqué y el cómo es casi revolucionario. La heurística del esfuerzo nos recuerda que las personas valoran más lo que saben que ha costado trabajo.

Aprovechemos este conocimiento para cambiar la percepción de los proyectos sostenibles, es decir, mostremos orgullosamente el camino recorrido, con sus retos y victorias.

Lejos de debilitar nuestra imagen, esa transparencia puede ser nuestra mayor fortaleza para conectar con una ciudadanía que merece y necesita entender el verdadero valor de la sostenibilidad.

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible y fundador de ecointeligencia

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