Amenaza cumplida: Estados Unidos cesa en su guerra contra el carbón

Ha sido Scott Pruitt, responsable de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA), el elegido por Donald Trump para continuar dinamitando el legado de protección medioambiental del presidente Obama. En sus palabras no hay lugar para la duda: El mensaje del presidente es claro, la guerra contra el carbón se acabó.

Estados Unidos cesa en su guerra contra el carbón

Y es que Obama se comprometió con la lucha contra el calentamiento global poniendo en marcha una normativa que pretendía rebajar drásticamente las emisiones de dióxido de carbono de las plantas energéticas, con el objetivo determinante de que para 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) fueran un 32% inferiores a las de 2005.

La derogación del Plan de Energía Limpia, aprobado en 2015, además de otra promesa cumplida de Trump, es sobre todo un triunfo personal de Pruitt.

Escéptico del cambio climático e ignorante de sus consecuencias, es defensor del uso de combustibles fósiles, lo que le convierte en una de las últimas personas en las que debería caer la gestión de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos.

La EPA se convierte así, en un organismo que adopta decisiones encaminadas a desproteger el medio ambiente, justo lo contrario del fin para el que fue creada

El Plan de Energía Limpia del presidente Obama se basaba en los siguientes ejes:

  • Requería a cada estado que cumpliera con unos estándares de reducción de emisiones acordes a su consumo de energía.
  • Preveía incentivos a las administraciones que lograran esos objetivos.
  • Incidía en evitar enfermedades y muertes debido a las evidentes consecuencias de la contaminación ambiental. Se estima que hubiera prevenido hasta 6.600 muertes prematuras y unos 150.000 ataques de asma en niños.

La emisión de gases de efecto invernadero debe ser limitada

No solo se destruye un plan, sino que ni siquiera hay un plan alternativo en el horizonte, lo que puede llevar a que las empresas dejen de invertir en energías renovables para producir energía sin preocuparse por las (terribles) consecuencias de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).

Y es que Trump se empeña en revivir un zombi, como es la industria de carbón americana, lo que supone un paso atrás de efectos negativos e impredecibles.

No obstante, y como no se consuela el que no quiere, se anuncia dura lucha por parte de grupos ecologistas y de los estados controlados por los demócratas. La derogación podría tardar meses en surtir efecto y para entonces, los fiscales de Nueva York o Massachusetts anuncian demandas a la EPA para combatir su peligrosa hoja de ruta.

Es lo que sucedió en su día con el plan de Obama, recibido con reticencia por parte de la industria y la mitad de los estados de la Unión, que desafiaron en los tribunales la iniciativa argumentando que dificultaba sus operaciones y que la EPA excedía su autoridad regulatoria. Como veis, un argumento de ida y vuelta.

Esta decisión de Trump, que se suma a la de sacar a EEUU del Acuerdo de París, perjudica a estados, ciudades y empresas que han apostado por las energías limpias y la sostenibilidad.

La sequía pertinaz es un efecto del cambio climática

Y es que, no nos podemos olvidar, este tipo de decisiones nos afectan a todos los habitantes del Planeta, lo que puede llegar a algunos países que se sientan afectados por las consecuencias del calentamiento global a emprender acciones de denuncia al considerar que se está ocasionando un daño deliberado sobre el clima.

Y tú, ¿crees que podría discutirse el grado de responsabilidad histórica de cada país en el cambio climático?

GuardarGuardar

GuardarGuardar

, , , , , , , ,

No hay comentarios.

Deja un comentario