Veranos sin tregua: así funcionan los trenes de olas de calor

Durante mucho tiempo, hablar de una ola de calor remitía a un episodio intenso, pero relativamente acotado de unos pocos días sofocantes, noches difíciles y, después, una bajada térmica que devolvía cierto equilibrio. Pero todos podemos ver que, ese patrón está cambiando.

Los trenes de olas de calor son sucesiones de varios episodios de calor extremo con pausas demasiado cortas para que la recuperación

En España, AEMET sitúa la temperatura media de 2025 en 15,1°C, 1,1°C por encima del promedio normal, y estima que la temperatura media del país ha aumentado 1,75°C desde 1961. Además, los 12 años más cálidos de la serie se concentran ya en el siglo XXI.

En Europa, Copernicus y la OMM subrayan que el continente se calienta más del doble que la media global desde los años ochenta y que las olas de calor son cada vez más frecuentes y severas. 

La evidencia del IPCC es que los extremos cálidos, incluidas las olas de calor, se han vuelto más frecuentes e intensos en la mayor parte de las regiones terrestres desde la década de 1950, y que el cambio climático inducido por el ser humano es el principal motor de ese cambio.

Además, cada medio grado adicional de calentamiento global incrementa de forma discernible la intensidad y la frecuencia de los extremos cálidos, incluidas las olas de calor

1. ¿Por qué ahora hablamos de trenes de olas?

AEMET define una ola de calor, para la España peninsular y Baleares, como un episodio de al menos 3 días consecutivos en el que al menos el 10% de las estaciones consideradas registran máximas por encima del percentil 95 de sus series de julio y agosto del periodo 1971‑2000.

La propia agencia añade un detalle revelador y es que cuando 2 olas están separadas por un solo día, se contabilizan como una única ola, criterio que ayuda a distinguir entre un episodio aislado y una persistencia anómala del calor. 

A partir de ahí puede entenderse el concepto emergente de tren de olas de calor, como una expresión descriptiva para nombrar la sucesión de varios episodios de calor extremo con pausas demasiado cortas para que se recuperen el cuerpo humano, los suelos, la vegetación, los embalses o los edificios.

Es una manera útil de capturar una realidad que los datos muestran cada vez mejor, es decir, no solamente aumenta el pico térmico, también lo hace la persistencia del estrés térmico y la repetición de extremos en una misma temporada.

El IPCC ya advierte de un aumento de los eventos compuestos, incluidas las olas de calor concurrentes con sequía, y trabajos recientes señalan que Europa podría experimentar pronto, y repetidamente, combinaciones de calor y sequía propias de finales de siglo. 

Según AEMET, España ofrece ejemplos muy claros:

  • 2022 acumuló 41 días con ola de calor repartidos en 3 episodios, el mayor número de días de toda la serie
  • 2023 registró 4 olas de calor y 25 días
  • 2024 sumó 3 episodios en Península y Baleares
  • Y el verano de 2025 fue el más cálido de la serie histórica, con 3 olas de calor.

Más que anomalías puntuales, estos datos dibujan una secuencia de veranos con calor extremo recurrente y ventanas de recuperación cada vez más estrechas. 

2. ¿Por qué Europa y el Mediterráneo se están calentando tanto?

Europa es uno de los grandes puntos calientes del cambio climático.

El IPCC concluye que todas las áreas europeas seguirán calentándose a un ritmo superior a la media global y que la frecuencia e intensidad de los extremos cálidos han aumentado en las últimas décadas.

Para la región mediterránea, el diagnóstico es que es especialmente vulnerable a olas de calor más largas e intensas y a una mayor sequía en un clima ya de por sí seco. 

Detrás de los trenes de calor actúan varios mecanismos que se superponen. El primero es el calentamiento global de fondo, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), eleva la línea base sobre la que se desarrollan los episodios extremos.

El segundo son los bloqueos atmosféricos persistentes, situaciones de altas presiones casi estacionarias que frenan el avance de borrascas y favorecen cielos despejados, subsidencia y acumulación de calor.

A ello se suma la discusión sobre el jet stream o chorro polar. Aunque por ahora no tenemos una explicación única, sí se aprecia que ciertos estados más persistentes del chorro han favorecido el aumento acelerado de las olas de calor en Europa occidental.

Un estudio muy citado en Nature Communications relaciona esa aceleración con una mayor persistencia de configuraciones de doble chorro sobre Eurasia, mientras otros trabajos apuntan a que parte del calentamiento estival europeo observado supera lo que reproducen muchos modelos por la contribución combinada de cambios en la circulación y de factores ligados a la radiación.

También gana peso la investigación sobre la influencia del Atlántico Norte, donde estudios recientes vinculan anomalías frías en el Atlántico subpolar (cold blob) con el desarrollo de dorsales atmosféricas y situaciones favorables a episodios cálidos en Europa, como ocurrió en veranos recientes.

Por último, hay un factor importante ligado a la reducción de aerosoles atmosféricos. El IPCC señala que, antes de los años ochenta, el calentamiento por gases de efecto invernadero (GEI) estuvo parcialmente compensado por los aerosoles antropogénicos, y que la pérdida de esa pantalla en décadas recientes ha contribuido a una tendencia positiva de la radiación solar entrante.

En otras palabras, limpiar la contaminación atmosférica tiene enormes beneficios sanitarios y ambientales, pero también deja más visible el calentamiento que antes enmascaraba parte de esos aerosoles. 

3. Adaptarse a veranos sin tregua

La adaptación climática debe dejar de pensar solo en episodios aislados y empezar a prepararse para temporadas enteras de estrés térmico.

Eso implica combinar alertas tempranas, vigilancia epidemiológica, cambios en horarios laborales y escolares, protocolos para residencias y hospitales, refugios climáticos, renaturalización urbana, rehabilitación de edificios, gestión eficiente del agua y una agricultura más resiliente al calor y la sequía.

La nueva guía de la OMS para Europa sobre planes de acción calor‑salud insiste en que estos planes son una respuesta central para anticipar, preparar y reducir muertes y enfermedades evitables. AEMA añade que Europa aún no está suficientemente preparada para riesgos climáticos que crecen con rapidez. 

Los ejemplos recientes muestran por qué esa adaptación ya no puede aplazarse. En 2026, Europa occidental vivió una ola de calor excepcionalmente temprana en mayo, seguida por otra mucho más intensa en la segunda mitad de junio, siendo ese mes el más cálido jamás registrado en Europa occidental, con 3,05 °C por encima de la media 1991‑2020, y varios países batieron récords mensuales de temperatura.

Es la clase de secuencia que resume bien la lógica de los trenes de olas de calor, con episodios encadenados, cada vez más tempranos, más extensos y difíciles de gestionar. 

4. Conclusión

Los trenes de olas de calor son una de las manifestaciones más visibles del cambio climático en Europa y, de forma muy especial, en España y el Mediterráneo.

No describen solamente veranos más calurosos, sino una atmósfera que favorece extremos más persistentes, una sociedad más expuesta a impactos acumulativos y una adaptación que debe evolucionar desde la reacción puntual hacia la gestión estructural del calor.

Entenderlos así no es sensacionalismo, sino, precisamente, una forma rigurosa de nombrar la nueva realidad climática.

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible y fundador de ecointeligencia

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