¿Qué extinguirá antes a la humanidad: la inteligencia artificial o el cambio climático?

La pregunta enfrenta 2 de los grandes temores del siglo XXI, aunque también puede ser engañosa pues sugiere una carrera hacia el apocalipsis entre amenazas con naturalezas y grados de incertidumbre muy diferentes.

El temor por una cercana extinción de la humanidad viene de la mano del auge de la inteligencia artificial y del ya conocido cambio climático

El cambio climático es un fenómeno físico ya medido. La inteligencia artificial también causa daños reales hoy, pero la hipótesis de que una IA futura pueda provocar la extinción humana depende de capacidades que los sistemas actuales todavía no poseen.

Compararlos exige distinguir entre impactos observables, riesgos previsibles y escenarios extremos.

1. Cambio climático: un riesgo presente y acumulativo

En materia climática, el punto de partida no es hipotético.

El IPCC considera inequívoca la influencia humana sobre el calentamiento global. La Organización Meteorológica Mundial confirmó en 2026 que 2015-2025 fueron los 11 años más cálidos registrados y que 2025 estuvo unos 1,43º C por encima de la media de 1850-1900.

Ese calentamiento intensifica múltiples fenómenos extremos, contribuye a la subida del nivel del mar y agrava problemas relacionados con el agua, los alimentos, la salud y las infraestructuras.

El IPCC concluye que los daños aumentan con cada incremento adicional de temperatura. También crecen los riesgos para la biodiversidad y los ecosistemas y la posibilidad de cambios abruptos o difíciles de revertir.

El clima puede además amplificar desplazamientos y tensiones sociales, aunque migraciones y conflictos dependen de muchos factores políticos, económicos e institucionales.

El calentamiento global suele actuar como multiplicador de vulnerabilidades.

2. Catástrofe global no significa extinción

Incluso impactos climáticos extremadamente graves no implican automáticamente la desaparición de nuestra especie, ya que una crisis puede causar millones de muertes y desestabilizar regiones durante generaciones sin extinguir al Homo sapiens.

El riesgo existencial suele reservarse para resultados que eliminan a la humanidad o reducen de forma irreversible su potencial futuro.

Una revisión publicada en 2025 en Cambridge Prisms: Extinction subraya la dificultad de estimar sucesos de extinción porque implican acontecimientos sin precedentes. Para el clima, diversos análisis consideran bajo el riesgo directo de extinción, aunque los peores escenarios y sus interacciones con otros riesgos siguen insuficientemente estudiados.

Existe, por tanto, un sólido consenso científico en que el calentamiento antropogénico ya causa daños y que estos aumentarán si continúan las emisiones.

No existe un consenso equivalente en que el cambio climático vaya a extinguir a la humanidad

3. IA: de los daños actuales a la pérdida de control

Los riesgos de la inteligencia artificial abarcan otro espectro, siendo algunos ya observables: desinformación, fraude, ciberataques asistidos por IA, errores en sistemas de decisión, concentración de poder tecnológico y perturbaciones laborales.

Su incorporación a sistemas militares añade además riesgos de errores y escaladas difíciles de supervisar

El escenario más extremo tiene forma de sistemas futuros mucho más capaces y autónomos podrían actuar fuera del control humano, engañar a sus supervisores o perseguir objetivos incompatibles con nuestros intereses.

El International AI Safety Report 2026, elaborado por más de 100 especialistas y respaldado por más de 30 países y organizaciones internacionales, muestra que los sistemas actuales muestran señales tempranas de algunas capacidades relevantes, pero no poseen las necesarias para provocar una pérdida de control de ese tipo.

El propio informe destaca que los expertos discrepan profundamente sobre la probabilidad de que esos escenarios lleguen a materializarse.

La obsolescencia percibida nos impone consumir cuando no lo necesitamos

4. Cuando los grandes de la IA piden frenar

Ese desacuerdo se ha vuelto especialmente visible en 2026. En julio, la iniciativa Pacing the Frontier reunió las firmas de 1.386 empleados de empresas punteras y reclamó mecanismos internacionales que permitan ralentizar el desarrollo de sistemas de frontera si el progreso supera la capacidad para evaluarlos y controlarlos. OpenAI y Anthropic respaldaron la iniciativa.

En septiembre, Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, pidió reducir el ritmo de avance de los modelos más capaces y reforzar la evaluación independiente. Sam Altman, de OpenAI, y Elon Musk apoyaron públicamente la idea.

OpenAI ya había comunicado en agosto que había ralentizado temporalmente el escalado de sus modelos para reforzar salvaguardas ante capacidades críticas de ciberseguridad.

Conviene no exagerar el alcance de este movimiento, ya que no existe un acuerdo general de la industria para dejar de entrenar nuevos modelos. Meta, por ejemplo, ha rechazado la necesidad de una ralentización coordinada.

La discusión real es si deben existir frenos verificables cuando las capacidades avancen más rápido que las medidas de seguridad.

5. ¿Un 10% de probabilidades de que la IA acabe con la humanidad?

Uno de los titulares más llamativos de septiembre procede de Evan Hubinger, responsable de Alignment Science en Anthropic.

Hubinger afirmó que, en su opinión, existe una probabilidad superior al 10% de que la IA pueda acabar con todos los seres humanos durante la próxima década.

La cifra necesita contexto, pues no es una estimación oficial de Anthropic, ni el resultado de un modelo estadístico, ni un consenso científico, sino una valoración subjetiva de un investigador especializado precisamente en los problemas de alineamiento y control de sistemas avanzados.

A esta inquietud hay que sumar la reciente dimisión de Jacob Coxon, investigador de Anthropic que anteriormente trabajó en OpenAI.

Evidentemente no es una preocupación aislada, como lo constata una encuesta a 2.778 investigadores que habían publicado en algunas de las principales conferencias de IA encontró una enorme dispersión de opiniones.

Según cómo se formulara la pregunta, entre el 38% y el 51% asignaban al menos un 10% de probabilidad a resultados tan graves como la extinción humana o una pérdida permanente y severa de control de nuestra especie. Al mismo tiempo, la mayoría consideraba más probables los resultados positivos que los negativos.

Estas cifras miden creencias de expertos ante una incertidumbre excepcional, bien no son probabilidades físicas comparables a las estimaciones climáticas derivadas de observaciones, teoría y modelos.

6. ¿Cuál de los dos riesgos es mayor?

No existe una base científica sólida para responder que uno de estos 2 riegos nos extinguirá antes.

En el clima conocemos con bastante seguridad la dirección del riesgo, pues más emisiones implican más calentamiento y mayores daños. Algunos efectos pueden persistir durante siglos y la probabilidad de cambios irreversibles aumenta a medida que lo hace la temperatura.

En la IA, el daño extremo podría desarrollarse mucho más deprisa, pero su cadena causal es más incierta, ya que depende de que aparezcan capacidades hoy inexistentes, de que los sistemas alcancen suficiente autonomía, de que fallen las medidas de alineamiento y control y de que humanos e instituciones no logren intervenir.

El clima ofrece mucha mayor certeza sobre la existencia de daños graves. La IA presenta mucha mayor incertidumbre sobre un escenario cuya magnitud potencial podría llegar a ser extrema.

Convertir esa diferencia en un ranking sería engañoso.

Cambio climático e IA pueden interactuar además con pérdida de biodiversidad, pandemias, conflictos nucleares, ciberataques e inestabilidad política.

Una sociedad sometida simultáneamente a crisis alimentarias, eventos extremos, desinformación y fallos de infraestructuras críticas tendrá menos capacidad para responder a nuevos impactos.

Esta es quizá una de las lecciones más importantes del análisis de riesgos globales: las grandes amenazas no tienen por qué materializarse de forma independiente, y pueden reforzarse unas a otras y erosionar precisamente las instituciones y recursos necesarios para gestionarlas.

7. Entonces, ¿qué podría extinguirnos antes?

La respuesta científicamente defendible es que no lo sabemos y que hoy no podemos calcularlo de forma fiable.

Sí sabemos algo más útil, y es que el cambio climático es una amenaza real, presente y acumulativa cuya gravedad depende en gran medida de las emisiones que produzcamos.

La IA avanzada abre un abanico mucho más incierto: desde enormes beneficios hasta riesgos que algunos de sus propios desarrolladores consideran potencialmente existenciales.

Quizá la cuestión decisiva no sea cuál de las 2 amenazas ganará una macabra carrera, sino qué decisiones pueden impedir que riesgos evitables se conviertan en catástrofes irreversibles.

Descarbonizar la economía, proteger los ecosistemas, desarrollar IA con salvaguardas verificables, mantener control humano sobre infraestructuras críticas y reforzar la cooperación internacional no requieren saber qué amenaza podría extinguirnos primero, sino aprender a gestionar tecnologías y sistemas planetarios antes de que los daños superen nuestra capacidad de respuesta.

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible y fundador de ecointeligencia

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