Los océanos guardan la respuesta frente al cambio climático

Durante mucho tiempo, el océano fue una inmensa frontera científica. Sabíamos que cubría la mayor parte de la superficie terrestre, que regulaba el clima y que almacenaba cantidades enormes de calor. Pero medir con precisión lo que ocurría bajo su superficie era otra historia.

Lo que pasa en los océanos influye en el cambio climático, ya que  almacenan y redistribuyen calor durante décadas e incluso siglos

Carl Wunsch, oceanógrafo físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha dedicado su carrera a cambiar esa situación, ayudando su trabajo a pasar de una oceanografía basada en campañas lentas y dispersas a un sistema global de observación oceánica capaz de seguir el pulso climático del Planeta.

Por esa contribución, Wunsch ha recibido el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático y Ciencias del Medio Ambiente, galardón que reconoce sus aportaciones fundamentales a las investigaciones que han revelado el impacto del calentamiento global en los océanos.

1. Carl Wunsch y el reto de entender los océanos en el cambio climático

Carl Wunsch nació en Brooklyn (Nueva York, Estados Unidos) en 1941, formándose inicialmente en Matemáticas en el MIT y más tarde doctorándose en Geofísica.

Su trayectoria ha estado profundamente ligada a esta institución, donde desarrolló buena parte de su carrera docente e investigadora en oceanografía física.

Su gran intuición científica fue comprender muy pronto que no se podía explicar el cambio climático sin entender el océano, ya que la atmósfera cambia con rapidez, pero los océanos almacenan y redistribuyen calor durante décadas e incluso siglos.

Los mares y océanos son la memoria térmica del sistema climático

Antes de sus trabajos, no existía un sistema global coherente para observar el océano, ya que había mediciones desde barcos, pero eran caras, lentas y parciales.

Wunsch defendió que hacía falta una estrategia radicalmente distinta, basada en combinar matemáticas, satélites, sensores marinos, modelos y cooperación internacional para medir el océano como un sistema planetario.

2. Océanos y cambio climático: el gran regulador del clima terrestre

Hablar de océanos y cambio climático es hablar de energía, pues el mar absorbe una parte muy importante del exceso de calor generado por el aumento de los gases de efecto invernadero (GEI).

Esa energía no desaparece, sino que se acumula, se desplaza con las corrientes y altera procesos clave del sistema climático.

Cuando el océano se calienta, el agua se expande y contribuye al aumento del nivel del mar. Además, el calentamiento oceánico influye en el deshielo de los polos, modifica la circulación oceánica y puede intensificar fenómenos meteorológicos extremos.

Un océano más cálido no significa simplemente playas con agua más templada, sino que hay más energía disponible en el sistema.

Esa energía puede alimentar olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones, DANAs (depresión aislada en niveles altos) y tormentas más intensas.

Por eso medir la temperatura, la salinidad, las corrientes y la altura del mar no es una cuestión abstracta, sino una herramienta para anticipar riesgos reales.

3. De los barcos a los satélites: una revolución en la observación oceánica

En los primeros años de su carrera, Wunsch pasó largos periodos a bordo de buques de investigación, demostrándose esa experiencia como esencial al cuestionar los límites del método tradicional.

Un barco podía tardar semanas en cruzar un océano y sus mediciones solo ofrecían una fotografía parcial de un sistema en movimiento constante.

Durante los años setenta, los satélites y la capacidad de computación empezaron a transformar la forma de mirar el mar, entendiendo Wunsch que el océano no era una estructura lenta y casi geológica, sino un sistema dinámico, turbulento y variable, comparable en muchos aspectos a la atmósfera.

La necesidad de cambiar de escala se hizo evidente cuando participó en estudios sobre el impacto del aumento del dióxido de carbono. La pregunta era ¿cuánto calor y cuánto carbono absorberán los océanos? La respuesta, entonces, era incómoda, ya que no había suficientes observaciones para saberlo con precisión.

A partir de ahí, Wunsch impulsó una nueva manera de estudiar el océano mediante observaciones globales, datos continuos y herramientas matemáticas capaces de integrar información procedente del espacio y del interior del mar.

Necesitamos defensores de los océanos

4. Hitos de la observación oceánica global

4.1 WOCE: medir la circulación oceánica a escala planetaria

En 1990, Wunsch impulsó el World Ocean Circulation Experiment (WOCE), un proyecto internacional diseñado para comprender los flujos de calor asociados a la circulación oceánica y su variabilidad en el contexto del cambio climático.

WOCE permitió recopilar datos durante más de una década, incorporando observaciones por satélite y boyas con sensores para medir temperatura, salinidad y otros parámetros clave.

Su importancia fue enorme, pues ayudó a ajustar modelos climáticos y sentó las bases de una visión global de la circulación oceánica.

4.2 TOPEX/Poseidon: ver el océano desde el espacio

Otro salto decisivo llegó con TOPEX/Poseidon, una misión francoestadounidense lanzada en 1992 para medir la topografía dinámica de la superficie del océano mediante radares altimétricos desde satélites.

La idea es que si las corrientes y los cambios térmicos alteran ligeramente la altura del mar, medir esas variaciones con precisión de centímetros permitiría conocer mejor la dinámica oceánica.

Además, como el agua caliente es menos densa y ocupa más volumen, los cambios en la elevación del océano podían ayudar a estimar variaciones en su contenido de calor.

TOPEX/Poseidon nació como una misión de 3 años, pero siguió aportando datos durante aproximadamente una década más, ofreciendo las primeras visiones globales de los cambios estacionales en las corrientes oceánicas.

4.3 Programa Argo: miles de boyas midiendo el océano

La herencia metodológica de Wunsch tuvo una de sus expresiones más importantes en el Programa Argo, iniciado a partir de 1998 y aún vigente.

Argo combina información satelital con una red global de casi 4.000 boyas autónomas

Estas boyas descienden hasta 2.000 metros de profundidad y miden temperatura, salinidad y corrientes. Después emergen, transmiten sus datos por satélite y vuelven a iniciar el ciclo.

Gracias a esta red robótica, la ciencia dispone de estimaciones mucho más precisas sobre el calentamiento de los océanos a escala global.

5. Lo que hemos aprendido: calor oceánico, nivel del mar y fenómenos extremos

Los sistemas de observación impulsados por Wunsch han permitido cuantificar procesos que antes solo podían intuirse.

Hoy sabemos que los océanos se están calentando como respuesta al aumento de los GEI y que acumulan cantidades crecientes de energía térmica.

Esa acumulación de calor tiene consecuencias directas. Una de ellas es el aumento del nivel del mar, provocado tanto por la expansión térmica del agua como por el deshielo de glaciares y masas de hielo polar.

Wunsch ha señalado que el gran interrogante no es si habrá impactos, sino a qué velocidad se producirán.

No es lo mismo un deshielo acelerado en unas décadas que un proceso repartido durante siglos, pues la capacidad de adaptación climática cambia radicalmente.

Otra consecuencia es el aumento del riesgo de extremos climáticos.

No se trata de atribuir cada gota fría (DANA), inundación u ola de calor a una única causa, sino de entender que un sistema climático con más energía genera condiciones más favorables para episodios más intensos.

6. Ciencia internacional para un problema global

Uno de los mensajes más potentes de la trayectoria de Wunsch es que ningún país puede comprender el clima por separado.

Las corrientes no respetan fronteras, los océanos conectan continentes y el calentamiento global actúa sobre todo el sistema terrestre.

WOCE, TOPEX/Poseidon y Argo son ejemplos de cooperación científica internacional al servicio de un bien común, que no es otro que medir mejor para decidir mejor.

Sus datos permiten mejorar modelos climáticos, estimar riesgos costeros, planificar infraestructuras, proteger ecosistemas y diseñar estrategias de mitigación y adaptación.

En un contexto de crisis climática, la observación oceánica no es un lujo científico, sino una infraestructura básica para la sostenibilidad.

7. Conclusión: medir el océano para anticipar el futuro climático

La historia de Carl Wunsch demuestra que comprender el cambio climático exige mirar más allá de la superficie.

Bajo el mar se está acumulando una parte decisiva del desequilibrio energético del Planeta.

Gracias a sus aportaciones, la humanidad cuenta hoy con mejores herramientas para observar el calentamiento de los océanos, el aumento del nivel del mar, la pérdida de hielo polar y la intensificación de fenómenos extremos.

Medir no evita por sí solo los impactos, pero permite anticiparlos. Y anticipar es el primer paso para adaptarse, reducir riesgos y actuar con responsabilidad.

En tiempos de incertidumbre climática, conocer el océano es una forma de cuidar el futuro.

Ricardo Estévez

Mi verbo favorito es avanzar. Referente en usos innovadores de TIC + Marketing. Bulldozer sostenible y fundador de ecointeligencia

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