La ecoeficiencia ¿es el objetivo?

¿Qué es la ecoeficiencia? En esencia, es “hacer más con menos”

Reducir el consumo de recursos, el uso de energía, las emisiones y los residuos resulta beneficioso para el medioambiente y la gente puede sentirse menos atemorizada con respecto al futuro, ¿o no?

Somos conscientes que las famosas tres “R” del movimiento ecoeficiente (Reducir, Reutilizar y Reciclar) siguen permanentemente ganado popularidad. Pero menos malo, no quiere decir que sea bueno.
Ya se trate de reducir la cantidad de residuos tóxicos generados o emitidos, o la cantidad de materias primas utilizadas, o incluso el propio tamaño del producto, la reducción es uno de los mandamientos básicos de la ecoeficiencia. Pero la reducción no acaba con el agotamiento y la destrucción. Únicamente los ralentiza, haciendo que ocurran en incrementos más pequeños a lo largo de un periodo de tiempo más largo.
Aunque reducir la cantidad de emisiones peligrosas puede parecer un objetivo ecoeficiente importante, estudios recientes muestran que con el tiempo, incluso pequeñas cantidades de emisiones peligrosas, pueden tener consecuencias desastrosas sobre los sistemas biológicos.

Por otra parte, encontrar mercados que reutilicen los residuos puede también hacer sentir a industrias y clientes que se está haciendo algo bueno por el medioambiente, porque cantidades enormes de residuos parecen desaparecer. Pero, en muchos casos, estos residuos son simplemente trasladados a otro sitio.

¿Y qué hay del reciclaje? Pues hoy en día la mayoría del reciclaje, es infraciclaje (downcycling), por lo que la calidad de un material se reduce con el tiempo y además puede aumentar la contaminación de la biosfera, ya que los materiales originales no han sido diseñados pensando en su reciclaje. Las pinturas y los plásticos fundidos con el acero reciclado, por ejemplo, contienen productos químicos dañinos.
La ecoeficiencia es un concepto aparentemente admirable, incluso noble, pero no es una estrategia de éxito a largo plazo, porque no va suficientemente a las raíces. Opera desde dentro del mismo sistema que causó el problema en su origen, y meramente lo ralentiza con prescripciones morales y medidas coercitivas. Apenas presenta algo más que la ilusión de un cambio. Confiar en la ecoeficiencia para salvar el medioambiente puede suponer lo contrario: que acabemos con todo de forma callada, persistente y completa.

Un ejercicio sencillo: si tuviéramos que plantear un sistema industrial bajo la influencia de la ecoeficiencia, obtendríamos algo parecido a lo siguiente:

• Libere al aire, al agua y a la tierra, anualmente, menos kilos de residuos tóxicos.

Cumpla con las estipulaciones de miles de complejas regulaciones para evitar que las personas y los sistemas naturales sean envenenados demasiado rápidamente.

• Produzca menos materias tan peligrosas que requerirán una vigilancia constante por parte de las futuras generaciones, que vivirán aterrorizadas al respecto.

• Obtenga en la producción menores cantidades de basura inútil.

• Entierre en vertederos por todo el planeta menores cantidades de materias valiosas que jamás podrán ser recuperadas.

Revelador este punto de vista: la ecoeficiencia sólo hace que los sistemas antiguos y destructivos lo sean un poco menos.

Pero no se trata de condenar a toda la ecoeficiencia. Cuando se implanta, como herramienta y no como fin, en un sistema mayor y efectivo con el objetivo de tener consecuencias positivas sobre una amplia gama de problemas, la eficiencia puede ser muy valiosa. También es valiosa cuando se la considera como una estrategia de transición que ayude a los sistemas actuales a ir parando y preparando el cambio. Pero, dado lo destructiva que es la industria moderna, intentar únicamente hacerla menos mala es un objetivo limitado que nos lleva a un final fatal.

Nuestro objetivo, por tanto, es cero: cero residuos, cero emisiones, cero “huella ecológica”.

(Resumen adaptado procedente de: Cradle to cradle de Michael Braungart y William McDonough)

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  1. Redistribuir es la quinta erre - 2 diciembre, 2013

    […] es un mantra que nadie cuestiona (o quizás si, os recomendamos que leáis a nuestros amigos McDonough y Braungart) y al que se le van sumando erres según gustos y […]

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